lunes, 25 de agosto de 2014

Por una semana...

 
Ya había pasado más menos dos años de haberse dejado de hablar o de mantener contacto, entonces un día abrió su antiguo y muy poco usado correo que tenía y en su bandeja de entrada había algo de 320 mails, paso uno por uno, entre ellos había propagandas, publicidades, mails muy cortos de amigos de universidad y de trabajo, pero hubo uno que desconoció y que no tenía asunto, con algo de miedo ella abrió ese correo y lo que leyó era lo que siempre había esperado, lo que más recuerda de esa 45 líneas es la frase “estoy en Perú, y necesito verte, por favor ven”.
 
Que iba hacer ella, pues lo más lógico, bañarse, arreglarse y chapar el primer taxi que pasara por la avenida más cercana y eso mismo hizo, no dudo ni un segundo y fue a su encuentro, al encuentro de ese amor que ella juró dejar en ese pasado tan bonito pero con un final infeliz.
 
Llegó a la recepción del hotel en donde él se hospedaba, dio su nombre y el nombre de él, y la amable recepcionista la invitó a esperar en pequeña sala que tenían, con bastante nervios tomo asiento y mientras sus pierna temblaban, vio que en la mesita de centro había unos periódicos del día domingo…, y antes que siguiera leyendo escuchó su nombre, él la llamo, ella levantó su mirada y ahí estaba él detrás de un sillón de tres cuerpos parado frente a ella, la miro y ella casi temblando se levantó, se acercaron muy despacio y en menos de un segundo ambos se abalanzaron uno al otro a sus brazos, ya nada importaba, el pasado con el final infeliz, las palabras hirientes, los malos entendidos, las lágrimas incomodas, ya nada importaba, solo el abrazo, solo sus abrazos.
 
Sentados en esa sala de la recepción del hotel, hablaron, se miraron, se cogían las manos y continuaban hablando, pero la cruel verdad, les hizo a los dos volver violentamente a su realidad.
Él: tenia que verte, debía hacerlo, debía verte.
Ella sonreía y sonreía, mirando como sus manos se enredaban cada vez mas fuerte.
Él: tengo novia...
 
Su mirada de ella, se detuvo entre sus dedos atorados en los de él, no sabía si dar crédito a lo que había escuchado, su amor, el latido de su corazón, tenía novia, entonces que hacia aquí, mirándola, que hacia aquí, sujetando su mano con la de ella. De manera rápida ella tomo fuerza y se paró…
Él: te pido una semana, solo dame una semana… yo me quedo una semana, déjame amarte por esa semana.
 
Era demasiado para ella, una semana, una novia, el amor de su vida, sus manos aun atadas mutuamente, ella lo miró y simplemente se fue, salió, salió lo más rápido que pudo, camino entre la gente, y creo que en ese momento la tristeza o la propuesta que había oído la dejo invisible ante los demás, porque mientras más rápido caminaba más empujones recibía de la gente, tomo un respiro que era lo que necesitaba y pensó, pensó en cada palabra, en cada recuerdo vivido y tomo la decisión y el por qué decidió lo que decidió, solo ella lo sabe, volvió al hotel, aún no sabe ella como recordó el camino, pero llego al hotel, paso por la puerta y la recepcionista que amablemente ya la había atendido, la miro, ella no quiso acercarse o mas bien no quería aceptar el motivo por el cual estaba en ese lugar y lo único que hizo fue dirigirse a la sala del hotel, en varios minutos después él bajo, se sentó a su lado, ambos miraban a la gente feliz y cansada entrar al hotel, cuando de pronto ella tomo su manos de él y apoyando su cabeza en su hombro y dijo “acepto”, que ironía ella pensaba, él esta de novio con otra chica, pero ahora soy yo la que dice acepto.
Lo que hablaron en esa noche, solo ellos lo saben, pero lo que acordaron y juraron fue amarse, amarse sin control toda esa semana, y durante esa semana nunca hablar en futuro, solo en presente, solo en el ahora, solo en ese momento en que los dos estaban juntos.
 
El lunes empezó, ella lo busco, y como si nada hubiera ocurrido, ella se encontraba en la sala del hotel con una gran sonrisa, él bajo lo más rápido que pudo y abrazados y riéndose salieron a caminar o pasear por ahí, como él decía.
 
Cada día era algo distinto, una caminata por la playa, una salida al cine, besarse en cada esquina de la avenida, abrazarse todas veces que fuera necesario, para terminar en el cuarto del hotel con la luz apagada abrazándose y besándose. Él decidió llevársela a un lugar cerca de Lima y viajaron al campo, es lo que ella cuenta. Mientras se iban en un bus nada formal y alguito ilegal, ella se perdía entre los verdes paisajes que pasaban por su ventana.
Él: así será…
Ella: así será qué amor…
Él: así será, cuando una pareja de enamorados deciden escaparse por su amor…
Ella le sonrió, lo abrazo y se acomodó muy bien en su pecho, porque así era, ambos escapan por su amor y por la realidad para que jamás los pueda atrapar, mientras viajaba ella reconoció una canción que sonaba en el bus, una canción que ella bautizo como el fin de su historia con él, y mientras sonaba la canción ella más fuerte lo abrazaba, porque sabía que la dejaría sin su amor.
Él: no quisiera pero… esa canción, es nuestra historia, mi amor.
Ella dejo su pecho, su favorito y cómodo sitio en el que le gustaba estar y levanto su mirada, él estaba mal la miró y le pidió que se fuera con él, pero ella no pudo decir nada y solo agacho su mirada, lo cual significada una sola cosa, no.  
Que podían hacer ambos sabían que la decisión que habían tomado tendrían un bello comienzo con un triste final, ella lo miró, lo abrazó y nuevamente se acomodó en su pecho, porque así era, esa canción sin querer relataba lo que iría a pasar.
 
Llego el sábado y aunque juraron no hablar del futuro, ella no pudo evitar pensar en su futuro y en de él. Se encontraron en ese restaurant que estaba cerca a la playa pero lejos del hotel, él no pudo esconder su tristeza, sin embargo ella le hizo creer que no se había dado cuenta. Y fue ese sábado en que ella le regalo esa noche y fue toda esa noche en que ella se dejó amar por él, cada beso y cada caricia, era una agonía para él, porque sabía que solo esa noche ella estaría con él y seria de él. Que agonía pensaba él, amarte por solo una vez. Mientras tanto ella trataba de concentrarse, pues no quería que su mente olvidará la sensación de su piel con la de ella, la respiración de él sobre su pecho de ella, el aroma de su cuerpo, su mirada fija que él tenía en sus labios, la fuerza de sus manos sujetado las suyas. Echados los dos se abrazaban fuertemente. 
 
Ella no pudo más y en la oscuridad él escucho su tristeza y sintió sus lágrimas, y sin querer comenzó a tararear la canción del viaje, su canción que había vaticinado el final de esa semana y de su historia juntos.
 
Abrió sus ojos y ella vio que seguía siendo de noche y se alegró sonrió y abrazó a su chico que se encontraba recostado en su pecho de ella, lo acarició y tal como la historia de Delaura y Sierva María, ella citó una frase de ese libro y dijo: “en el Apocalipsis está anunciado un día que no amanecerá nunca, quiera Dios que sea hoy” y más fuerte lo abrazó.
 
Ya era domingo y ambos permanecieron en la cama, mirándose uno al otro…
Él: mañana mi avión parte en la tarde, a la seis y media… iras?
Como le preguntaba eso, cómo, pero no pudo decir que no y dijo que sí, aunque muy dentro de ella sabía que no era verdad. Él la abrazo.
Ella: perdóname por favor, por no ser lo suficientemente valiente para irme contigo.
Él interrumpió su disculpa besándola. Ya de noche salieron del hotel agarrados de la mano, caminaron hacia la avenida solitaria y silenciosa, se miraron, se abrazaron, se miraron, se besaron, se abrazaron. Y ella dio el primer paso y se alejó, caminó por esa larga avenida de Miraflores sin voltear, pues ese era el trato, amarse y dejarse amar por una semana.
 
El día siguiente llegó y como era de esperarse ella no fue al aeropuerto, no podía despedirlo ni decirle adiós y él lo sabía, por eso cuando entro a la sala de embarque, solo levanto sus maletas y no volvió a ver atrás, pues sabía que ella no iba estar.
 
Él ya no supo de ella y ella ya no supo de él, ambos se preguntan qué hubiera pasado si él no hubiera viajado, si ella hubiera ido con él, eso es algo que nunca ambos podrán responder, porque ninguno se atrevió hacerlo. Lo que único que pueden es volver a refugiarse en su recuerdo de agosto que vivieron hace dos años en una semana de amor.
 
 
 
La canción del triste final....

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